Pescadores de la Presa La Boquilla

David a bordo de su balza

SAN FRANCISCO DE CONCHOS, 18 SEPTIEMBRE 2020.- Se cumplen ya 10 días desde que productores agrícolas expulsaran a la Guardia Nacional apostada en la presa “La Boquilla” tomando ellos las instalaciones.

Entre quienes tienen tomada la presa —grandes, medianos y pequeños productores agrícolas; jornaleros solidarios y otros tantos mandados por el patrón—, se evoca la figura presidencial, la del “viejo loco ese”, como la de un caudillo traicionero.

En esta atmósfera bronca del noroeste del país, son constantes las evocaciones al general Francisco Villa, al que el campesinado de la región mira con simpatía y admiración. Al lugar llegan a entremezclarse fuerzas sociales distintas al punto de hacer difusa la claridad sobre los acontecimientos.

Formando un coctel de voliciones llegan políticos de la región, presidentes municipales, alcaldes, diputados; llegan también productores agrícolas que coquetean con estrenar su nombre en las urnas; organizaciones sociales y gente de a pie.

Esta polifonía de voces que mana del centro sur del Estado de Chihuahua con un tenor que evoca la primera década del siglo pasado, e incluye también, aunque a la lejanía, el canto quedo de los pescadores locales que, provenientes de poblados aldeanos, surcan las aguas de la presa al despuntar la luz árida del alba chihuahuense.

Como un oasis en medio del desierto se aparecen las aguas de la presa “La Boquilla”, conocida también como presa “El Tigre”, que hoy luce famélica en comparación a otros años.

Los zopilotes, como premoniciones, aguardan impacientes a la orilla. David, Abelardo y Pedro son tres de los aproximadamente doscientos pescadores que pertenecen a alguna de las cooperativas que regulan la pesca en la región, y que a diario embalsan en búsqueda de peces de las diversas especies que pueblan este ecosistema acuífero: la Carpa, el Bagre, la Mojarra Criolla, la Tilapia y los Charales, hacen parte de la diversidad de la fauna que, según cuentan, peligra ante la rápida baja de los niveles de agua en la presa.

La merma tan repentina en los niveles de profundidad del agua fue ocasionada no solo por la temporada de sequía en este desierto del noreste del país, sino también por la ingente extracción del líquido por parte de la Conagua.

David y Abelardo, originarios de la zona, con 20 y 30 años de pescadores respectivamente, cuentan que no habían visto descender tanto los niveles de la presa desde 1994, en la última gran sequía.

La merma, al reducir el movimiento de los peces y al dejar morir en la orilla la hueva de estos, ha dificultado su actividad, ahora menos peces caen en sus redes. —Por eso viene el problema, porque no llovió.

Si hubiera llovido no hubiera importado que le bajaran, todos los años ha sido así, llovía a tiempo y sube y sacan el agua, pero este año no llovió nada—, asegura Abelardo mientras le saca las espinas a un bagre que, entre sus manos, da desesperados golpeteos con la cola entre sus manos. —No hay mucha agua, no llovió a tiempo—, remata tras dejar al pez en la cubeta, mirando fijo una solitaria nube negra, como si quisiera acercarla con su atención infranqueable.

La Comisión Nacional del Agua, extrae el líquido para pagar su parte correspondiente de acuerdo con el Tratado de Aguas de 1944 entre México y Estados Unidos, el cual estipula la repartición del agua proveniente de los ríos Bravo y Colorado entre ambos países.

Sin embargo, los productores agrícolas de la región aseguran que el agua destinada al pago del tratado contempla solamente aquella que viene de los escurrimientos y que, hasta la reciente problemática, se había gestionado de esa manera, es decir, siempre anteponiendo el respeto al agua destinada a las actividades agrícolas de la región.

Además, desdicen el discurso del gobierno que afirma que el suministro de agua está garantizado para el siguiente ciclo agrícola. El clima que se vive en el centro-sur del estado es de incertidumbre.

De un lado la Guardia Nacional apostada en la presa “Las Vírgenes” y en la represa “Las Pilas”; del otro, la presa “La Boquilla” y la caseta de Saucillo en la carretera Panamericana 45 tomadas por productores agrícolas.

Como una bomba de tiempo, parece inminente el des-anudamiento de un conflicto latente entre el Gobierno Federal y parte del campo Chihuahuense. Abelardo saca ahora una canasta de las profundidades con unas cuantas carpas quietas que parecen resignarse a su destino y avienta las más chicas de regreso al agua.

La lancha flota entre la bruma que desaparece con el amanecer. —Pues sí, son puros problemas con el agua— dice David, rescatando el diálogo moribundo con su compañero de pesca. Sus palabras regresan y mueren a la oquedad muda de la que surgieron.

FOTO: PEDRO ANZA /CUARTOSCURO.COM

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